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7 agosto 2026, 3:35 pm
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La fe en acción: Historias de peregrinación a San Cayetano

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A medida que las luces de la calle comienzan a apagarse, Liniers despierta lentamente, en medio del frío matutino de un 7 de agosto. A las 7.30, el ambiente está impregnado de una mezcla de fervor religioso y esperanza, mientras miles de peregrinos se concentran frente a la Iglesia de San Cayetano, esperando su turno para ingresar al santuario. Algunos han pasado la noche en vela, mientras otros descansan en la vereda, rodeados de bolsas y pertenencias, todos unidos por un mismo propósito.

La escena en la calle Cuzco se presenta como un mosaico de fervor. A un lado, fieles aguardando su momento; al otro, una serie de puestos que ofrecen desde rosarios hasta velas. Las luces de las lámparas titilan, mientras los vendedores organizan su mercancía en medio del bullicio. El termómetro marca 5°C, y el aliento se transforma en vapor al hablar.

Rituales de devoción y esperanza

La espera es un ritual en sí mismo. Un sacerdote se acerca a las vallas con agua bendita, brindando bendiciones a los peregrinos, quienes responden con gestos de fe. A pocos pasos, otro cura escucha confesiones en plena calle, en una demostración de cercanía espiritual.

Entre los peregrinos se encuentra Petrona Zeballo, quien, a sus 40 años, espera desde las 4.30 de la mañana. Esta es su primera vez en esta fecha especial, motivada por la difícil situación de su hogar, donde su esposo está desempleado y tiene cuatro hijos que alimentar. «Quiero que San Cayetano me escuche, que escuche a los que tenemos hambre», expresa con voz temblorosa.

Las peticiones de trabajo, comida y salud resuenan entre los asistentes. Marta Palacios, de 60 años y proveniente de Bahía Blanca, camina sola hacia el santuario, llevando consigo una fotografía de su hijo desempleado. «Vengo a pedir que tenga la oportunidad de volver a ganarse el pan con su trabajo», dice, reafirmando el compromiso maternal que la impulsa.

Tradición familiar y agradecimiento

La familia Ruiz, originaria de Posadas, Misiones, también ha hecho el viaje. Leandro, de 21 años, destaca la importancia de esta tradición familiar, que se remonta a 50 años con su abuelo. «Vinimos toda la familia. Para nosotros esto ya es parte de nuestra historia», señala. Los pedidos, como en años anteriores, se centran en necesidades básicas.

Raúl Ruiz, el abuelo, comparte su experiencia: «Siempre creí en él y siempre sentí que me ayudó. Para mí eso también es la fe: no acordarse únicamente cuando uno necesita algo». La devoción se ha transmitido de generación en generación, convirtiéndose en una tradición familiar.

La voz de la comunidad

Mientras la mañana avanza, los sacerdotes continúan bendiciendo a los fieles, y los vendedores ajustan sus puestos para recibir a más peregrinos. A las puertas del santuario, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, reflexiona sobre la jornada. «Es el día de la expresión, una vez más, de la fe profunda de nuestro pueblo, que viene a pedir trabajo y también a agradecer», afirma, destacando la importancia de escuchar a la gente como un termómetro social.

García Cuerva también menciona la próxima visita del papa León XIV, sugiriendo que el pontífice abordará temas como el trabajo y la justicia social. La jornada avanza con la expectativa de la tradicional Misa de los Trabajadores, donde se espera un mensaje de esperanza y unidad para todos los presentes.

La peregrinación a San Cayetano, con su carga de historias y promesas, se mantiene como un símbolo de fe y perseverancia en la búsqueda de un futuro mejor.

Fuente: La Nación

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