En Argentina, solo el 52,7% de los adolescentes considera que la escuela tiene el poder de cambiar su destino social. Esta percepción refleja un desafío importante en el sistema educativo, que históricamente ha tenido como objetivo igualar condiciones y fomentar la movilidad social entre sus estudiantes.
Recientemente, los resultados de las evaluaciones educativas han mostrado un desempeño decreciente en tres áreas clave: lectura, matemática y ciencias. De acuerdo a los datos, el puntaje en lectura disminuyó de 401 a 389 puntos, en matemática de 378 a 367 y en ciencias de 406 a 393 puntos. Esto marca un nuevo récord negativo en matemáticas y los niveles más bajos en casi dos décadas en lectura y ciencias.
Las desigualdades socioeconómicas juegan un papel fundamental en estos resultados. Los estudiantes de familias con mejores recursos tienden a obtener puntajes significativamente más altos, donde el 25% más rico supera al 75% restante en todas las disciplinas. La brecha entre estos grupos se ha ampliado, con estudiantes en desventaja perdiendo 7 puntos en ciencias en comparación con solo 1 punto para aquellos con mejores recursos entre 2022 y 2025.
La pregunta sobre la capacidad de la escuela para igualar oportunidades ha sido objeto de estudio durante más de seis décadas. Investigaciones iniciales, como el Informe Coleman de 1966, indicaron que el origen familiar tiene un impacto mayor que los recursos educativos en la trayectoria de los estudiantes. Sin embargo, estudios posteriores han identificado factores como el clima del aula, las expectativas docentes, el liderazgo escolar y la relación con las familias que son cruciales para el cumplimiento de este objetivo.
En el contexto actual, Argentina destaca por tener el peor clima de disciplina en el aula entre los países analizados por PISA, con un puntaje de -0,43. Más de la mitad de los estudiantes reporta ruido y desorden en las clases, lo que contrasta con el 30% del promedio de la OCDE. Esta situación ha llevado a que Argentina sea considerada uno de los casos más extremos según el informe de la OCDE.
A pesar de este panorama preocupante, el apoyo docente percibido por los estudiantes argentinos se sitúa en 0,30, superando el promedio de la OCDE de 0,03. Este dato es significativo, ya que la evidencia sugiere que las relaciones con adultos en el entorno escolar son cruciales para el aprendizaje. Sin embargo, este apoyo se da en un contexto de desafiliación, donde las redes de apoyo social se debilitan, afectando la capacidad de los estudiantes para prosperar.
La percepción de que la escuela puede cambiar el destino de un estudiante es fundamental. Si esta creencia no está presente, el esfuerzo individual de los docentes tiene un impacto limitado. Para que la escuela cumpla su función de generar aprendizajes que permitan una vida mejor, es necesario plantear la reconstrucción de redes de apoyo alrededor de los estudiantes. Este desafío va más allá del aula y requiere de políticas públicas específicas que sostengan la trayectoria educativa de cada alumno.
Fuente: La Nación


