El Congreso Nacional de Productores AFA 4.0, celebrado en el City Center, abordó el desafío de la producción y el crecimiento empresarial sin descuidar el bienestar humano. En este marco, la cooperativa Mondragón, del País Vasco, presentó su exitosa experiencia como un modelo a seguir.
Ander Etxeberria, sociólogo y responsable de Difusión de la Cooperativa de Mondragón, compartió la historia de esta organización que, tras más de 70 años de actividad, agrupa a 92 cooperativas y emplea a más de 70.000 personas. A pesar de su gran tamaño, el enfoque de Mondragón se centra en la premisa de que «el capital es necesario para crecer, pero las personas son las que deben estar en el centro».
Un Enfoque Rentable y Social
Etxeberria enfatizó la importancia de que las cooperativas generen ganancias, pero subrayó que la rentabilidad no debe ser un fin en sí mismo. «La clave es qué hacemos con ese dinero y cuál es nuestra prioridad», afirmó. Esta visión ha permitido a Mondragón combinar eficiencia económica con un fuerte compromiso social, lo que ha sostenido su modelo a lo largo del tiempo.
El origen de Mondragón se remonta a la década de 1940, gracias a la labor del sacerdote José María Arizmendiarrieta, quien promovió una transformación cultural centrada en la educación y la organización comunitaria. Etxeberria utilizó la palabra vasca «sirimiri», que significa llovizna, para describir el proceso gradual y persistente de construcción del cooperativismo en la región.
Prioridad al Trabajo y la Democracia Interna
Uno de los principios fundamentales de Mondragón es la democracia interna, donde cada socio tiene un voto, independientemente de su inversión de capital. Esto garantiza que las decisiones no se tomen solo en función del dinero, lo que es especialmente relevante en tiempos de crisis. «La prioridad es preservar el trabajo», explicó Etxeberria, quien destacó que en caso de dificultades, los trabajadores son reubicados en otras cooperativas del grupo.
Este enfoque contrasta con los modelos empresariales tradicionales, donde la desaparición de una empresa puede dejar a los trabajadores sin opciones. En Mondragón, el objetivo es asegurar que el talento y la experiencia de los trabajadores se mantengan dentro del sistema cooperativo.
Compromiso con el Territorio
El modelo cooperativo vasco también ofrece una respuesta a la deslocalización empresarial. Etxeberria argumentó que cuando los trabajadores son parte de la toma de decisiones, es menos probable que se decida trasladar la cooperativa a otro lugar. «La visión sobre el territorio cambia», afirmó, subrayando que el crecimiento no debe implicar el abandono del origen.
La experiencia de Mondragón invita a la reflexión sobre la cooperación en el contexto del asociativismo agropecuario argentino. Etxeberria sostuvo que el bienestar individual está íntimamente ligado al bienestar colectivo. «Esto va de mí y de los otros», concluyó, enfatizando la importancia de construir una sociedad donde todos puedan prosperar.
En un momento en que los productores enfrentan la necesidad de escalar, innovar y ser competitivos, la experiencia vasca plantea un interrogante crucial: ¿es posible crecer sin perder el vínculo con el territorio y la comunidad? La respuesta parece ser que sí, siempre que se priorice la cooperación y el bienestar común.
Fuente: Info Campo


